Educar para la Paz
Educación para la paz

La Paz

El doble nacimiento de la educación para la paz

Investigación, educación y acción

Un intento de síntesis

La lucha contra el conformismo
EDUCAR
Como sucede con frecuencia con aquello que tiene que ver con el mundo de la educación, y también con las ciencias sociales y sus diversas áreas de estudio, resulta harto diícil definir con precisión numerosos conceptos y campos de trabajo. La educación para la paz no es una excepción. Por un lado, la expresión contiene dos términos altamente problemáticos cargados de connotaciones: «educar/educación y paz». De ahí, por tanto, el método de aproximación progresiva a la explicitación de los objetivos, resultados y métodos de la educación para la paz que hemos escogido.

Se han dado múltiples definiciones sobre lo que se entiende sobre educación. Como muestra valga estos ejemplos.

PLATÓN decía: «educar es dar al cuerpo y al alma toda la belleza y perfección de que son capaces».

Para OVERBERG: «La educación es el medio para alcanzar el bien».

KERSCHENSTEINER manifiesta que la «Educación consiste en distribuir la cultura, para que el hombre organice sus valores en conciencia y a su manera, de acuerdo con su individualidad».
Por último HUXLEY la define de esta manera: «La educación consiste en formar a jóvenes seres humanos en la libertad, la justicia y la paz».

ANÁLISIS DE LOS TÉRMINOS
La expresión EDUCAR PARA LA PAZ consta de tres términos: Un verbo en infinitivo, que indica acción; un nombre y una preposición que sirve de enlace entre ellos. Vamos a comenzar analizándolos.

Etimológicamente esta palabra procede de dos verbos latinos «educare» y «educere».

Conviene recordar que «educare» evoca la acción de criar, amamantar, adoctrinar, formar íntegramente, instruir, desarrollar o perfeccionar armónicamente las facultades intelectuales y morales por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc., es decir, ir de fuera hacia dentro, mientras que «educere» hace referencia al acto de orientar, guiar, conducir o transportar, lo que delimita una actividad contraria y complementaria a la anterior; supone, en definitiva, ir de dentro hacia fuera.

Podríamos afirmar que la unión de estos dos términos trae consigo cierta idea de conflicto y, a la vez, de equilibrio entre aquello que nos viene de dentro y lo que nos ofrece o nos impone el medio exterior.

Por consiguiente, y a partir de la raíz latina «educare», educar va a significar ayudar o contribuir a la interiorización de los objetivos propuestos como aprendizaje para el sujeto. Y al mismo tiempo, tal hecho implica necesariamente un paso hacia la consecución del fin propio del ser humano, su autonomía personal.

En síntesis, la educación tiende a conducir a la persona en su afán de conseguir su propia felicidad, reconocida en la perfección de sus capacidades, y en relación con las responsabilidades personales y sociales que le son propias al ser humano.

LA SOCIALIZACIÓN
Decía que las palabras «educar» y«educación» son términos problemáticos. No obstante, puede considerarse, que ambas palabras aluden a una parte del proceso de socialización o endoculturación, a una actividad que en modo alguno puede considerarse neutra, puesto que presupone el intento de acomodar a los individuos a los valores predominantes de su sociedad.

La socialización, el proceso de interiorización/asimilación de cierto número de hábitos y valores conforme a la sociedad a la que se pertenece, forma parte de lo que se denomina construcción social de la realidad. El niño/a descubre quién es a medida que va aprendiendo que es la sociedad. Los individuos extraen de la sociedad su identidad, sus roles y su cosmovisión. Obviamente, la educación, «socialización metódica de las jóvenes generaciones» según Durkheim juega un papel trascendental en la transmisión de esos presupuestos y valores.

Como veremos luego, algunos de los valores que el proceso de socialización contribuye a interiorizar en nuestra sociedad (el etnocentrismo, la competitividad, el individualismo, el nacionalismo exacerbado, la intolerancia, la valoración exagerada de la propia especificidad, ...) en modo alguno pueden considerarse fomentadores del respeto mutuo, la comprensión y cooperación internacional, o la capacidad de rebelión contra la injusticia, algunos de los objetivos de la educación para la paz.

La educación que, a diferencia de la simple escolarización, dura prácticamente toda la vida, es un proceso en el que intervienen múltiples segmentos de la sociedad. De ahí la importancia que tiene su carácter no neutro para la disciplina que intentamos definir: a menudo transmite «verdades» como la superioridad de una etnia sobre otra que coadyugan a la perpetuación de situaciones de injusticia y vulneración de los derechos humanos.