Educar para la Paz
Educación para la paz

La Paz

El doble nacimiento de la educación para la paz

Investigación, educación y acción

Un intento de síntesis

La lucha contra el conformismo
LA PAZ POR LA ESCUELA. PRAGA 1927
Un primer nacimiento de la educación para la paz se produce a finales de la década de los veinte y principios de la década de los treinta, de la mano de los movimientos de renovación pedagógica y en particular de la Escuela Moderna. En 1927, de Oficina Internacional de Educación con sede en Ginebra (presidida por Pierre Bovet ) celebró en Praga una importante Conferencia internacional bajo el título de «La paz por la escuela». La conferencia se dividió en cuatro apartados: Psicología, enseñanza y manuales, educación y correspondencia escolar.

Ni que decir tiene que el propio título de la conferencia muestra claramente las grandes expectativas y el momento optimista

De hecho, la reunión de Praga y todo el movimiento de esos años no podría entenderse sin una doble constatación:

a) que la Escuela Moderna nace como constatación de las prácticas pedagógicas tradicionales, para proponer un enfoque basado en el niño y una revisión metodología.
b) el impacto de la I Guerra Mundial, que alienta la revisión curricular y de los fines de la educación para hacer de ésta un instrumento de paz. Se vive una sobrevaloración de la posibilidad transformadora de la educación. Maria Montessori, casi frenéticamente comprometida con la lucha por la paz en los años treinta, expresa ese optimismo intimista, surgido de la impotencia ante la guerra, en su libro Educación y Paz:

«La educación es el arma de la paz; la educación organizada científicamente, sabrá forjar hombres y mujeres de paz. Las naciones que hoy quieren la guerra han sido capaces de valorizar en pro de sus intereses a los niños y jovenes, de organizarlos socialmente, de convertirlos en una fuerza activa de la sociedad. Es una fatalidad atroz que esta verdad sólo haya sido reconocida hasta el presente por las potencias que buscan la guerra».

Se trata, por tanto, de saber organizar la educación para que haga frente a los nuevos compromisos y necesidades, no sólo de encontrar los «métodos idóneos para sustraer al niño a la sugestión de la guerra», sino, en positivo, de construir un orden social y moral acorde con la paz, la «ciencia de la paz y la educación de los seres humanos a través de la paz». Montessori, como John Dewey o el catalán Pere Rosselló, aboga por una concepción positiva de la educación para la paz: no basta con mostrar los horrores de la guerra; lo fundamental es estimular el espíritu de cooperación y la comprensión.

Diversos autores han sugerido que en este primer nacimiento la educación para la paz podría caracterizarse por su psicologismo (por ejemplo, la insistencia en la necesidad de «canalizar el instinto de combate» y en la «posibilidad psicológica de encontrar esos equivalentes morales de la guerra» en los que insistió William James y por su utopismo pedagógico.

Efectivamente, ¿cómo no hablar de utopismo cuando se lee que «la salvación política del mundo está en manos de los educadores y sólo con su concurso entusiasta podrá la humanidad franquear finalmente una de las etapas más decisivas y difíciles de su evolución»?

PROPUESTAS Y ACTIVIDADES
En cuanto a las propuestas metodológicas y actividades sugeridas, sorprende la actualidad de muchas de ellas:

a) análisis de los libros de texto para denunciar su militarismo y proponer que permeen, por el contrario, el «espíritu de cooperación entre los pueblos»
b) enseñanza del esperanto para fomentar «los sentimientos de solidaridad humana y comprensión internacional».

c) correspondencia escolar internacional.

d) campos internacionales e intercambios escolares entre diversos paises.

e) difusión en la escuela de los fines y principios de la Sociedad de Naciones (con la posibilidad de dedicar un Día Internacional a ello).

f) estudios comparativos de diferentes civilizaciones.

g) todo tipo de intercambios de objetos, mensajes, juegos, propuestas didácticas entre escuelas de diferentes paises.

Obviamente, el estallido de la IIª Guerra Mundial dio al traste con este primer nacimiento de la educación para la paz, ligado a la Escuela Nueva y a la renovación pedagógica, y caracterizado por el psicologismo y utópismo.

ÚLTIMAS APORTACIONES
No obstante, y con independencia del segundo nacimiento (el ligado a la investigación para la paz), los movimientos de renovación pedagógica han seguido preocupados periódicamente de la educación para la paz, en particular en momentos en que existía una fuerte sensibilidad colectiva por el tema.

La Escuela Moderna fundada por Freinet, por ejemplo, señala con claridad en su carta de 1965, articulo 2º, que «nos esforzaremos por hacer de nuestros alumnos, adultos conscientes y responsables, que construirán un mundo en que estará proscrita la guerra, el racismo y todas las formas de discriminación y de explotación del ser humano».

Posteriormente, la reunión de Turín ( 1982) de la Federación Internacional de Movimientos de Escuela Moderna (FIMEN) constituyó una Comisión sobre educación para la paz. En noviembre de 1986, la propia FIMEN coorganizó en San Marino un interesante simposio sobre «Paz, Educación, Cambio».

Es obligado citar también aportaciones más individuales, como el compromiso de A. S. Neill, el fundador de la escuela de Summerhill, con el movimiento por la paz y la desobediencia civil y el trabajo de Paulo Freire, uno de los ejemplos actuales más sugerentes para quiénes se dedican a educación para la paz, y que ha influido muchísimo en los planteamientos elaborados en la década de los setenta.

Particular importancia tiene el trabajo de Lorenzo Milani en la escuela de Barbiana y su énfasis en la educación para la desobediencia. Su propuesta de convertir la palabra en un instrumento a restituir a las clases subalternas, su énfasis en la enseñanza mutua y la escuela autogestionada, su crítica de los textos de historia (véase, por ejemplo Carta a una maestra, su interés por alentar la capacidad de crítica y rebeldía, por la disidencia incluso contra la propia escuela de Barbiana hacen de Milani un precedente de la educación para la paz entendida como educación en y para los conflictos.