Espiral de violencia
Cuando miramos la Tierra...

La violencia atrae a la violencia

Y la represión termina por llegar...

Y la represión termina por llegar...

Cuando la «contestación» contra las injusticias llega a la calle, cuando la violencia número dos trata de hacer frente a la violencia número uno, las autoridades se creen en la obligación de salvar el orden público o de restablecerle, aunque haya que emplear medios fuertes: de esta forma entra en escena la violencia número tres.
Algunas veces las autoridades llegan más lejos, e incluso hay una tendencia en esta dirección: para conseguir informaciones quizá decisivas para la seguridad pública, la lógica de la violencia conduce a utilizar torturas morales y físicas, como si las informaciones arrancadas con torturas pudieran merecer la confianza más segura.

Con mucha frecuencia los países desarrollados protestan contra las torturas empleadas en los países subdesarrollados. Las intenciones son muy generosas y los resultados frecuentemente positivos. Estas protestas hacen las veces de una presión moral liberadora: a los gobiernos no les gusta ser tachados de despóticos y de retrógrados a los ojos del mundo.

Pero conviene que ningún país desarrollado se haga ilusiones: la violencia llegará siempre que la «contestación» de los oprimidos o de la juventud, haciendo frente a las injusticias, vaya ganando proporciones y llegue a sembrar el pánico en el mundo de los opresores.

¿Es o no verdad que algunas universidades de países ricos -frente a excesos en la actitud de protesta de la juventud (ocupación de edificios, quema de organismos, luchas sangrientas)- han pedido y conseguido poderes excepcionales de parte del gobierno?... Hay casos en los que el rector podría decretar el estado de emergencia.

Pero, ¿cómo los psicólogos, los sociólogos, los educadores no presintieron la amargura de los jóvenes, sus rebeldías cada día más frecuentes, sus desesperanzas? ¿No teníamos derecho a esperar que la explotación hubiera sido adivinada, delimitada, evitada, haciendo frente con valentía a todo lo que había de verdadero y de justo en la agitación juvenil, incluso en esa agitación explotada por los activistas profesionales? ¡Qué mal ejemplo hemos dado apelando a la fuerza y a la violencia! Mañana, si se generaliza la «contestación», el gobierno habrá recibido sugerencias de las mismas universidades...

Quién no recuerda que incluso pueblos de un alto nivel cultural han caído en dictaduras nacidas en momentos turbulentos de su vida nacional? E incluso en esos pueblos de un alto nivel cultural, se han cometido atrocidades increíbles con el eterno pretexto de conseguir informaciones...

La guerra psicológica -empleada tanto por la extrema izquierda como por la extrema derecha y por los regímenes democráticos que comienzan a ver crecer la «contestación»- se considera como un método científico.

Es la antigua Inquisición con la tecnología de la era nuclear y los viajes espaciales a su Servicio...

Tengamos el valor y la lealtad de reconocer, a la luz del pasado y quizá a la luz de algunas reacciones ejemplares y típicas que empiezan ya a brotar en algunas partes, que la violencia número tres represión del gobierno con el pretexto de salvaguardar el orden público, la seguridad nacional, el mundo libre no es monopolio de los países subdesarrollados.

No hay ningún país del mundo que esté totalmente inmunizado contra la posibilidad de caer en el engranaje de la violencia.

Amenaza real

¿Corremos el peligro real de ver cómo se agravan las injusticias en el mundo? ¿Debemos contar con que los países desarrollados harán esfuerzos para hacer frente al subdesarrollo y a la miseria de los países pobres? ¿Qué debemos pensar de los esfuerzos de los países desarrollados para eliminar en su propio territorio las zonas subdesarrolladas?

En los países subdesarrollados, mientras las reformas de base, los cambios de estructuras económico-sociales y político-culturales sigan estando sólo sobre el papel, seguiremos viendo cómo los ricos se hacen cada vez más ricos y cómo los pobres se hacen cada vez más pobres.

La Unión Europea destina el 0,2% de su presupuesto a llevar a cabo reformas estructurales con el fin de erradicar la pobreza de sus ciudadanos.

Los ricos aceptan que se hable de ayudas: para su propio país e incluso para el tercer mundo. Pero que no se hable demasiado de justicia, de derecho, de cambios estructurales...

La UNCTAD continúa siendo una gran desconocida.

¿Qué pensar de esas mociones de ayuda a los países subdesarrollados que se mueven entre el 1 y 2% del producto bruto nacional? El mismo planteamiento demuestra una incomprensión total acerca de la misma esencia de los problemas que nacen de las relaciones entre el mundo desarrollado y el mundo subdesarrollado. Las ayudas son necesarias, pero resultan insuficientes. Mientras no se tenga el valor y la inteligencia de hacer una revisión en profundidad de la política internacional del comercio, los países pobres seguirán empobreciéndose cada día más y los países que viven en la abundancia enriqueciéndose cada día más también.

Pero, por otra parte, también la reacción de los oprimidos tiene una clara tendencia a agravarse. Es imposible ya mantenerlos encerrados, fuera de circulación. Basta que veamos lo que sucede en el mundo. Los oprimidos de ayer, los aplastados, los tímidos abren los ojos, se dan cuenta, se hacen conscientes, su valor crece...

La juventud está ahí. Es fácil decir que, después de terminar la carrera, los jóvenes inconformistas tienden a instalarse, a aburguesarse. En todas partes hay jóvenes que se preparan para conservar viva la llama.

El mundo conocerá momentos de agitación, de crítica airada, de violencias, que vendrán de parte de los oprimidos y de la juventud.

Por otra parte, no hemos de hacernos muchas ilusiones: la reacción de los gobiernos sera cada día más dura. Es ilustrador ver cuántos países padecen en nuestros días estados de excepción o dictaduras. Mirad el mapamundi y señalad cuántos países están en manos de los militares.

La conclusión es evidente: hay una amenaza real de que el mundo entre en una escalada de violencia, de que caiga en una espiral de violencia.